Gijón, España. Foto tomada de avidcruiser.

Gijón, España. Foto tomada de avidcruiser.
Gijón, España. Foto tomada de avidcruiser.


Cada semana dejo mis poemas como una forma de establecer un diálogo abierto y de puro sentimiento con todos ustedes que me leen y me estimulan a continuar en esta aventura de hacer cultura. Cada visita, cada palabra de ustedes es un paso más hacia la cima del hombre nuevo, el hombre sabio.

domingo, 23 de abril de 2017

Ángela M. López Arias, Héctor Lerner, In memoriam

El mes de abril, por lo menos en los últimos tres años, se ha convertido en un mes aciago, un mes en el que los amigos cercanos al corazón, han dejado para siempre su paso por el planeta tierra, dejandonos, a todos sus amigos, con un vacío, que como lo escribiera alguna vez Alberto Cortéz, “no lo puede llenar la llegada de otro amigo”.

Hace ya tres años, un 27 de abril de 2014, falleció en la ciudad de Gävle, mi recordado y muy querido amigo, Héctor Lerner; con él compartí una amistad muy sincera y profunda; teníamos afinidad ideológica y compartimos nuestras experiencia poéticas y culturales tanto que decidimos no quedarnos con nuestra obra sino que la compartimos publicando nuestros libros “Compromiso con la vida”, antología poética que publicamos junto con las poetas Maritza Lobos de Chile y Miriam Echeverría de El Perú. Después Héctor publicó su libro “In Crescendo” al mismo tiempo que yo publicaba mi libro “Contrastes”.

Hoy recuerdo a Héctor con ese mismo sentimiento de extrañar a mi amigo del alma y, como un homenaje a él, publico uno de sus poemas. Héctor, siempre estarás conmigo.

Para quienes quieran saber más de mi amigo, el médico y poeta Héctor, les doy el enlace que los ha de llevar a la publicación que hice el 27 de abril de 2014.


Los poetas Gustavo y Héctor en el lanzamiento 
de sus respectivos libros en Estocolmo.

ITINERARIO


Voy a tu encuentro 
llorando como un chico
¿sabes?

Hace siete años 
sólo pensaba en sobrevivir.
Vivir era todo un privilegio 
y a secas, una exigencia 
de locos o delirantes.
Por aquel entonces 
había perdido entre otras cosas, 
mis lágrimas.

Hace cinco años 
sólo pensaba en ser libre 
y salvar la dignidad, 
ese prójimo de si mismo, 
ese hombre que sufre 
y a veces sucumbe 
debajo de la piel.
Por aquel entonces 
había perdido entre otras cosas 
mi sonrisa.

Hace dos años 
pensaba en escaparle al tedio 
la locura, el miedo y el olvido.
A veces me interesaba la libertad 
y otras veces la muerte.
Por aquel entonces 
había perdido el colectivo de la historia
donde viajaba mi amor 
y mi consuelo.

Hace un año 
pensaba que la vida era una derrota 
y una cuesta empinada 
que apuntaba al infinito.
Por aquel entonces 
había recuperado la libertad 
o su ironía 
y sepultado mi último sueño.

Por aquel entonces 
también te conocí: 
eras tan niña 
que me sentí un viejo; 
tan tibia 
que me sentí un témpano; 
tan tierna 
que me sentí un mármol; 
tan valiente 
que me sentí cobarde; 
tan frágil 
que me sentí torpe; 
tan triste 
que me senti, por primera vez, acompañado;
tan hermosa 
que me sentí mañana, abeja y sacrificio; 
tan enteramente para mi 
que quise ser un náufrago 
de vos.

La noche se esfumó 
con los últimos presagios 
y negrísimos augurios 
y el alba despuntó 
prometiendo promesas tan claras 
como el agua de una lágrima.


Se llenaron 
los silencios de palabras 
se llenaron 
las palabras de silencio.

La vida siguió siendo una ruina 
pero a tu lado 
que distinto todo.

Volví a sonreír, 
a creer, a luchar 
a crecer.
Entendí que la derrota 
era una escala 
no una escalera, 
un estado, 
no una existencia 
no una última palabra 
y volví a militar en la vida 
por vos, con vos, para vos.

Comenzamos a desandar la angustia 
para empezar de nuevo 
y empezamos por los parques 
y las plazas y las lluvias 
y seguimos por la piel 
hasta alcanzar la sangre 
hasta alcanzar el corazón.

Hace ocho meses 
te fuiste caminando 
por la enésima trastada 
de la vida. 
Sufriendo por mi, 
sin  mi, 
no de mi. 


Hoy voy a tu encuentro 
llorando como un chico...


Hector Lerner

©

Héctor en una noche de poesía en Gävle, Suecia.

El mes de abril, el de este año, nos ha traido otra desagradable noticia y es el de la muerte de nuestra amiga, la enfermera Ángela María López Arias, quien muriera en tierras de Asturias, en España. Tuve la feliz oportunidad de conocer a Ángela grácias a mi esposa.  Ángela y mi esposa compartieron la época de la universidad, en Bogotá, Colombia. Desde esta bitácora envío, en mi nombre y en el de mi familia,  mis más sinceras condolencias a toda su familia tanto en España como en Colombia.

Ana Lucía, Gustavo y Ángela en Gijón, España.

Ángela y Gustavo en Gijón, España.


Ángela María López Arias  - Final

¡Ángela, descansa en paz!

Queridos amigos de Contrastes, a continuación les comparto mi poema para esta semana.

Día de plomo. Fotografía de Carmela 
tomada de su blog mifular.


Días de invierno


Hay días descolgados
del corazón de la cordura,
arrastrados en la sangre
fatal de la estulticia,
días al borde del suicidio,
despojados de su nombre,
días huérfanos de calendario,
días grises de invierno,
mutilados de sucesos,
días que son y no son,
días al nivel de las cloacas,
pestilentes e invisibles.
Hay días famélicos,
de largas hambrunas,
de cielo pintado de plomo,
de gotas de lluvia en el cadalso,
días mudos, puestos de rodillas,
álgidos, vetados de color,
días de amores fallidos,
de flores aún sin retoñar,
de herrumbre en el horizonte.
Hay días estériles de amantes,
de amores contrariados,
de camas tristes y vacías,
de odios reventando corazones,
días de banderas olvidadas,
de cinismos en los diarios,
días de mentiras mal contadas.
Hay días sin albas ni crepúsculos,
de seres convertidos en objetos,
de pompas donde brilla el oro,
días de rutina y de miseria,
días vacuos de historia y fantasía,
de invierno inoportuno en el estío,
de sombras acechando en las esquinas,
días invertebrados y procaces
como un sarcófago indecente
que alberga la miseria humana.


Gustavo Figueroa Velásquez
©
Silvio Rodríguez (Cuba) - Pequeña serenata diurna.